Cuentos de terror el lago congelado

Cuentos de terror el lago congelado

Julián salió a pasear acompañado por su novia. A él le gustaba jugarle bromas pesadas a su prometida. Desde hacía un par de días, en esa localidad había caído una gran tormenta de nieve.

Aprovechando que el lago que estaba junto al parque central se había congelado de nuevo, el joven corrió hacia el centro de este y se desplomó.

– Ven cariño, ayúdame a salir de aquí. Está muy resbaladizo y no puedo caminar.

La muchacha en vez de aproximarse para auxiliarlo, le gritó muy enfadada:

– Estoy segura que tu planeaste esto. Ya me tienes cansada con tus bromas, mejor me voy a casa. No me busques más.

El muchacho comenzó a reír como si estuviera poseído. Tanto fue el alboroto que creó con sus carcajadas que sin darse cuenta comenzó a golpear fuertemente la delgada superficie de hielo, haciendo que se formara una grieta.

En pocos segundos, los crujidos hicieron que Julián vociferar a alarmado:

– Socorro, esto no es ninguna broma, Dalia necesito que te acerques, si no lo haces no saldré vivo de ésta.

La chica se limitó a mirarlo con desdén y dando media vuelta se fue con dirección hacia su domicilio.

Mientras tanto Julián vio como el lago congelado se seguía resquebrajando. Pronto cayó al agua y la temperatura del líquido helado recorrió su cuerpo en un santiamén. Tal y como lo narran varios cuentos de terror, la expresión facial del muchacho era tan horrible que intimida haría al más valiente.

El corazón se le fue deteniendo al tiempo que su respiración iba menguando. A los pocos días, las personas se asustaron al ver como un cuerpo sin vida había quedado atrapado entre el hielo del río congelado.

La moraleja de esta historia es: Jamás a las bromas pesadas, pues la gente dejará de confiar en ti.

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