Leyenda de las rayas de la cebra

El reino animal esconde mitos y leyendas sobre el origen de sus especies. El día de hoy, nos vamos a enfocar en relatar la verdadera historia sobre cómo las cebras consiguieron esas líneas en su piel.

Sucede que una joven cebra dudaba en asistir a una reunión en donde aparecería el mismísimo rey de la selva, acompañado de esa larga melena que imponía respeto con tan solo observarlo de reojo.


leyenda de la cebra

– Es mejor que no vaya. Gran parte de las fiestas a las que he ido, los demás me confunden con un burro, sólo que albino.

Para aquellos que no lo sepan, en el espacio histórico en el que transcurre este relato, las cebras eran tan blancas como la leche. Es decir, no poseían ninguna marca distintiva. Es por ello que con relativa frecuencia, los otros animales las confundían con burros o inclusive hasta con caballos pequeños.

– Ya sé, me disfrazaré de un felino grande y así me respetarán. Pensó la cebra.

Su primera opción (en la que terminó siendo la definitiva) fue copiarle el patrón de las franjas al tigre, ya que a ella siempre le había llamado la atención la forma en que estos animales se mimetizan con las plantas a fin de poder cazar a sus presas sin ser detectados.

Tomó una gruesa vara de madera y se encaminó hasta un charco de lodo. Mojando un extremo de la herramienta, comenzó a decorar su cuerpo con sumo cuidado procurando que las rayas fueran hechas de la manera más prolija posible.

Cuando terminó, se puso al sol para qué “el maquillaje” permaneciera en su sitio. Sin embargo, ese día llovió y todo el esfuerzo fue en vano. Así continuó haciendo varias pruebas hasta que se dio cuenta que si repintaba las rayas varias veces, el agua simplemente se resbalaba, dejando la pintura en su lugar.

Al fin llegó el día de la reunión y uno a uno los integrantes de aquella selva fueron mostrando sus imitaciones a la entrada. Los primeros en llegar fueron los elefantes, seguidos muy de cerca de panteras, orangutanes y aves multicolores.

De pronto, las miradas de los asistentes se desviaron a la puerta principal, pues vieron como entraba alguien que no conocían.

– ¿Quién es esa? Preguntaban entre murmullos.

Un mico se acercó a la cebra y le preguntó su nombre. Al escuchar su voz, la reconoció enseguida y les dijo a los demás concurrentes de quien se trataba. Asombrado, el León bajó de su trono y fue a felicitarla por su “vestido tan original”.

La noche transcurrió entre risas y alegría. Luego ya de madrugada, la cebra se fue a su casa a descansar. Por la mañana, se sumergió en un lago para lavarse, más las rayas siguieron ahí.

Espantada fue a buscar a doña Flor, una tortuga gigante a quien todo mundo conocía como la “Sabia”.

“La madre naturaleza me dijo en un sueño lo que hiciste. Y ella lo que no quiere es que vuelvas a ser discriminada como en el pasado. Por eso, tú y tus futuros hijos conservarán esas líneas negras que tanto gozo te causaron ayer”.

Y de esa forma fue, como las cebras consiguieron sus rayas.